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7 Agosto 2006

El naufragio del SIRIO en las costas de Cabo de Palos

Hace 3 días que se celebró el centenario del naufragio del transatlántico SIRIO en el que murieron unas 200 personas (aunque la cifra exacta nunca se conoció, viajaban muchos ilegales).

Por desgracia no se ha hecho mención, o yo por lo menos no lo visto, de uno de los hundimientos más catastróficos que han ocurrido en las cosas españolas.

Para conocer un poco mejor la historia del suceso podeis consultar El naufragio del Sirio. Magnifico escrito con abudante documentación relativa al hundimiento.
A continuación pongo un resumen extraído de la web anterior.

El barco
El Sirio era un trasatlántico a vapor de 7.000 toneladas de peso. Perteneciente a la Compañía General de Navegación Italiana La Veloce de Génova, realizaba sus viajes ordinarios entre su puerto de origen y América (Brasil, Argentina y Uruguay).
Fotografia del Sirio

El día 2 de agosto de 1906 el Sirio partió del puerto ligur repleto de emigrantes que abandonaban sus hogares y el hacinamiento de sus ruinosos centros urbanos para buscar, lejos de los suyos, una esperanza de vida en las Américas.
La tarde del día 3 el Sirio atracó en Barcelona, donde, según datos oficiales, embarcaron 86 pasajeros - otras fuentes hablan de 94, otras de sólo 75 -, entre ellos 50 españoles, la mayoría catalanes.

Estas mismas fuentes cifraban en 822 el número total de personas a bordo del Sirio, aunque, a tenor de la descripción del pasaje, debieron ser bastantes más.
Constituían éste veinte pasajeros de primera clase, cincuenta de segunda y seis ranchos de tercera clase, compuestos, cada uno de ellos, por noventa personas. Pero si se tiene en cuenta que, en los ranchos, los niños eran contados de cuatro en cuatro como una sola persona, y que en ellos viajaban casi exclusivamente los emigrantes y entre ellos había familias enteras con un gran número de hijos pequeños, el número total de pasajeros debió superar con creces el millar. Si además hacemos caso de las historias sobre emigración ilegal, pagos a carabineros y a marineros, sobornos y capitanes corruptos, la cantidad pudiera muy bien duplicarse fácilmente.

Ha quedado demostrado que el Sirio había recogido clandestinamente en Alcira a un número indeterminado de personas sin billete que pagaban la cantidad de 100 pesetas al capitán. Posteriormente, tenía previsto recoger más pasajeros de manera ilegal en Águilas, Almería y Málaga, y probablemente en algún otro puerto de la costa mediterránea española que no se ha podido comprobar.

El naufragio
La tarde del 4 de agosto el Sirio se aproximaba a las costas de Cabo de Palos navegando a toda máquina con el objetivo de ganar tiempo.

A las cuatro unos y otros escucharon un fortísimo - aunque, según las crónicas, seco- rasconazo producido por el vientre de hierro del barco. Después de una violenta sacudida, el trasatlántico quedó varado entre las rocas del bajo que hay en las Islas Hormigas, a menos de tres millas de distancia de la costa de Cabo de Palos.

El pánico comenzó a apoderarse de los viajeros, en general desconocedores del mar y en ningún caso instruidos para una situación de emergencia.

En la sala de máquinas y cuartos de calderas el personal de guardia no tuvo la menor opción de salvarse. Murieron aplastados por las planchas del fondo que se abrían a sus pies y la tromba de agua que entraba a toda velocidad. Durante unos segundos el Sirio quedó completamente frenado, inmóvil en un equilibrio inestable sobre las aristas de la piedra en la que había embarrancado. La mayor parte de los pasajeros cayó al suelo debido a la colisión. Algunos gritos de sorpresa, al principio, rompieron el silencio que siguió al brutal choque. Se oía crujir la estructura del buque. De algún lugar en las entrañas del Sirio brotaban chorros de vapor de agua que afloraban por varias grietas aparecidas en las cubiertas de popa. Y entonces sobrevino la explosión. Las calderas del trasatlántico italiano estallaron destrozando las cubiertas de pasaje sobre ellas ubicadas y sembrando la muerte entre los emigrantes.

Aprovechando el revuelo general, el capitán Piccone y sus oficiales - únicamente el segundo piloto permaneció en la nave hasta el final- fueron los primeros en abandonar el Sirio, en un bote salvavidas, dejando a los pasajeros del vapor abandonados a su suerte. Algunos miembros de la tripulación de despojaron de sus uniformes para confundirse con el pasaje y salvarse más fácilmente o evitar un posterior reclamo de la justicia.
Intentaron los viajeros ponerse a salvo pero, al no tener a nadie que organizara la maniobra, les dio por correr como locos por todo lo largo y ancho del buque, apresados por la confusión y el terror. Muchos de los que se encontraban en cubierta quedaron atrapados por los toldos que les protegían del sol. Sollozaban los niños, gritaban las mujeres, maldecían los hombres y oraban los clérigos, pero todos intentaban huir de la fatalidad sin éxito.

Contó horas más tarde uno de los supervivientes del naufragio que, en aquellos momentos de terrible apuro, observó a un joven fraile que mientras se agarraba con una mano a una cuerda del vapor -"y llegábale el agua hasta el cuello"-, bendecía con la otra a cada uno de los náufragos que, ante sus ojos, desaparecían bajo el mar. Al cabo, cuando uno de los botes pesqueros que participaron en el salvamento se acercó hasta ese lugar e invitó al carmelita a subir, éste se negó objetando: "Más allá, agarrada a una tabla, se ahoga una pobre mujer con un niñito en brazos. Salvadla a ella, que yo aún puedo nadar un poco más ".

Entre los pasajeros del Sirio se encontraba una joven pareja italiana de recién casados.
Entre el desconcierto que siguió al embarrancamiento del barco vieron, entre otras escenas, a un hombre que, ajeno a las idas y venidas, a los gritos y a las carreras de los demás pasajeros, sacaba tranquilamente su revólver y se disparaba un tiro en la sien. En ese momento, al ver que una barca se acercaba hasta el arruinado vapor, la joven pareja se arrojó al agua. Junto a ella flotaban varios cadáveres de mujeres, hombres y niños. La esposa, llamada Brígida Morelli, consiguió agarrarse a uno de los cabos lanzados por la barca, pero no volvió a saber nada de su marido.

La angustia causa de que se cometieran escenas de verdadero salvajismo. Peleábanse entre sí, hombres y mujeres, por los salvavidas; pero, cómo: a patadas, a puñetazos limpios, con uñas y con dientes. Hasta vi algunos esgrimiendo cuchillos.

Un hombre alto y fornido sostenía feroz lucha con una joven de rara hermosura, casi una niña, a la cual quitó el salvavidas, y con él logró salvarse.

hundimiento del sirio

Rescatadores
Varios buques navegaban en la zona en aquellos momentos. Hasta la playa llegaba el ruido de la máquina alternativa del vapor de carga francés María Luisa, un pequeño mercante que acababa de zarpar de Cartagena y navegaba hacia el Norte rumbo a Alicante.

Sin embargo, su ayuda se limitó a recoger a 29 náufragos y partir rápidamente hacia Alicante. Sin duda, el Marie Louise hubiera podido evitar él solo la mayoría de las muertes.

He aquí las declaraciones que el capitán del Marie Louise, J. Colomer, realizó:

"Sobre las aguas vimos flotar a infinidad de infelices náufragos, que luchaban por asirse a trozos de tablas, maderos, sillones y cuantos objetos se hallaban esparcidos por el mar.

Los tripulantes del Marie Lousie desplegaron heroicos esfuerzos para salvar de la muerte a aquellos desgraciados, largando cabos y arriando los botes, pero la fatalidad hizo que en dichos momentos se rompiese la chabeta del timón, quedando el Marie Louise sin gobierno, viéndome precisado a ordenar dar máquina avante y separarme de aquellos lugares ínterim se reparaba la avería."

Sin embargo, el Marie Lousie llegaba horas después a Alicante sin ningún problema, sin rastro de avería y en el tiempo previsto. A su llegada, Colomer hizo estas declaraciones a la prensa:

"De improviso el buque italiano paróse bruscamente. Profundamente alarmado con los prismáticos advertí que el vapor había embestido al bajo quedando sobre él con la proa levantada y la popa al nivel del mar. Entonces me dirigí al barco en peligro a toda velocidad. En aquellos momentos de terrible ansiedad estallaron las calderas del Sirio levantando una montaña de agua. Aún no estábamos cerca del buque naufragado y ya las olas nos traían cadáveres, algunos todavía trágicamente abrazados y otros moribundos que movían penosamente los brazos como en demanda de socorro y se hundían para volver a la superficie, Con la presteza que el caso requería comenzamos a recoger náufragos. Por todas partes las voces de angustia reclamaban nuestro auxilio. En los primeros momentos y con los botes arrojando cabos pudimos recoger 25 personas, casi todas ellas desfallecidas y muchas enloquecidas por el espanto."

Días después, el periódico LA PUBLICIDAD de Barcelona publicaba una carta firmada por catorce náufragos supervivientes del Sirio en la que protestaban por el incorrecto comportamiento del capitán del Marie Louise y señalaban que no podía ser comparado con el de los valientes y humanitarios pescadores de Cabo de Palos, "en todo caso -decían- podría compararse con el vergonzoso proceder de la torpe y cobarde tripulación del infortunado Sirio". Se quejaban los firmantes del abandono en que se vieron en aquellos momentos de angustia, y señalaban que fue el Marie Louise "quien llegó en primer término al lugar del siniestro y quien disponía de más elementos para prestar socorro; pero a pesar de todo, él fue quien menos víctimas arrancó al mar, limitándose su acción salvadora a recoger a unos muy pocos náufragos que, a costa de grandes esfuerzos, consiguieron llegar hasta el casco del buque, y algunos otros recogidos en uno solo de los botes que el barco tenía, pues por causas desconocidas el otro permaneció amarrado en su puesto".

Muchos pasajeros del Sirio se habían arrojado al mar al ver que el Marie Louise iba en dirección hacia ellos. Pero entonces, inexplicablemente, el buque francés viró y se apartó de la zona de la catástrofe, donde los náufragos luchaban desesperadamente con el mar para evitar la muerte. El Marie Louise pasó de largo cerca de ellos desentendiéndose de su desgracia.

Otro buque francés, el Poitien negó auxilio a los náufragos del Sirio por miedo a varar sus naves al aproximarse

Cartagena se vuelca con los supervivientes
El alcalde de Cartagena socorre con comida, albergue y ropas a los náufragos junto a los cuales ha permanecido toda la noche en el cabo de Palos con el secretario del Ayuntamiento, los médicos y el canciller del Consulado Italiano.
A la una ha llegado el remolcador de las obras del puerto con más náufragos que serán conducidos, como lo fueron los anteriores, al Teatro Circo por cuenta del Ayuntamiento.
La colonia veraniega del cabo de Palos ha socorrido con ropas y comidas a los náufragos. El ex ministro Sr. Lacierva tiene la casa completamente llena de ellos y personalmente los atiende y cuida de los enfermos. Se ha constituido una comisión para recaudar fondos con destino a los supervivientes. Llegan a todo momento náufragos salvados y a todos atiende el Ayuntamiento. Los náufragos están llenos de aflicción pues contado es el que no tiene que llorar la pérdida de un ser querido.

Diario de Cádiz. 5 de agosto de 1906. Sobre las seis de la tarde del sábado llegaron a la ciudad de Cartagena las primeras noticias sobre el naufragio. Un telegrama informaba que un trasatlántico de nacionalidad italiana, que conducía pasajeros, había embarrancado yéndose a pique en los bajos de las islas Hormigas.
La noticia fue en principio acogida con relativa tranquilidad debido a la hora en que se produjo el suceso, el buen tiempo y la proximidad de la costa, tres millas, distancia que muchas personas de Cabo de Palos solían salvar a nado.

A las 10 de la noche habían empezado a llegar a la ciudad noticias ciertamente trágicas sobre el naufragio, y podría decirse que la ciudad entera, que se encontraba en plena celebración de su Feria, se reunió en el muelle de Cartagena en espera de la llegada de los náufragos. Próxima la una de la madrugada arribó en el puerto el laúd de pesca Vicente Lacomba patroneado por Agustín Antolino. Traía a más de cien náufragos del Sirio. Allí permaneció la muchedumbre durante las tres horas que tardaron los formalismos oficiales y comenzaron a desembarcar los náufragos. Sobre la cubierta del laúd pesquero aparecían hacinados niños, mujeres y hombres. Junto a ellos, tapados por una lona, se encontraban los cadáveres de dos niños pequeños.

Uno de los pobres náufragos, un hombre, no cesaba de relatar una y otra vez cómo su esposa y sus seis hijos desaparecían entre las olas sin que él pudiese hacer nada por remediarlo.

El empresario del Teatro Circo, Andrés García, puso sus locales a disposición de los náufragos y allí fue donde gran número de ellos se albergó en un principio.

Hasta el teatro llegaron miles de personas que ofrecieron a los desdichados su casa, su ropa, su comida y su dinero, e intentaron consolarlos por las pérdidas de sus familiares.

hundimiento del barco y salvamento de viajeros del Sirio

Las víctimas
Tras la llegada de los náufragos salvados, empieza lo más duro: la búsqueda e identificación de las víctimas. Los primeros datos oficiales hablaban de un total de 822 pasajeros, de los que 580 habían sido salvados y el resto, 242 personas, habían resultado ahogadas o se hallaban desaparecidas.

Según los vecinos de Cabo de Palos, los cadáveres iban apareciendo poco a poco en las diferentes calas de la costa. Uno de los momentos más estremecedores fue la aparición del cadáver de una niñita de unos dos años de edad que asía entre sus pequeñísimas manos un cubo de juguete y un aro de hueso.

Misión de los vecinos fue el enterramiento de muchos de estos cadáveres, que recibieron cristiana sepultura en el cementerio. A las diez de la mañana del miércoles día 8 de agosto se inició en la iglesia de Santa María de Gracia de Cartagena un funeral en sufragio de las víctimas del Sirio.

cadaveres rescatados del mar

Piratas

La misma noche del día 4 de agosto, fecha del naufragio, comenzaron las expediciones al lugar de la tragedia con el objeto de, primero, intentar localizar a posibles supervivientes, segundo, rescatar los cadáveres de víctimas que pudieran haber quedado atrapadas en el buque y, en tercer lugar, recuperar el cargamento del barco y los equipajes de sus tripulantes y pasajeros. En esta tarea trabajaron afanosamente el remolcador del Arsenal Naval de Cartagena y un grupo de buzos del mismo.

Sin embargo, aunque se consiguieron sacar muchos equipajes, todos pertenecían a miembros de la tripulación y ninguno a los pasajeros del Sirio. Los tripulantes fueron los únicos a quienes se permitió el acceso al buque siniestrado.

Mientras tanto, el trasatlántico se iba hundiendo poco a poco pero más y más, y el jueves día 9 de agosto se encontraba cuatro metros más hundido que la tarde del naufragio.

Por su parte, los pasajeros supervivientes instalados en Cartagena comenzaron a quejarse de que fuera sólo a los miembros de la tripulación a quienes se permitiese sacar el equipaje del barco, por lo que decidieron nombrar una comisión que habría de desplazarse al lugar para vigilar la operación de salvamento e intentar recuperar las pertenencias del pasaje.

Por otra parte, comenzaban a circular en Cartagena rumores sobre los olores pestilentes que se percibían a una milla del buque y que estaban haciendo imposible el trabajo de salvamento.

Por otra parte, comenzaban a circular en Cartagena rumores sobre los olores pestilentes que se percibían a una milla del buque y que estaban haciendo imposible el trabajo de salvamento.

La mañana del viernes día 10 partió hacia la Hormiga el inspector de Sanidad Marítima, José Roig, con objeto de comprobar la veracidad de los rumores y adoptar las medidas sanitarias oportunas.

El mismo viernes por la tarde partió una comisión de pasajeros supervivientes en el remolcador del Arsenal. Junto a ellos viajaron empleados de Sanidad Marítima para recoger los cadáveres que se encontraban flotando en la superficie en los alrededores del buque.

Cuando el remolcador llegó al bajo de las Hormigas sus ocupantes se encontraron con un espectáculo de lo más triste y lamentable: El Sirio no sólo era ya un barco naúfragado sino que parecía haber sido objeto de los más bochornosos saqueos. Allí reinaban el desorden y la destrucción: todo aparecía abierto y registrado, y los objetos de valor de los pasajeros habían desaparecido. Los cofres estaban forzados, las maletas rajadas y todas las pertenencias robadas.

Cadáveres
Aparte de las decenas de cadáveres que fueron apareciendo en la costa de Cabo de Palos, se encontraron otros muchos en puntos lejanos al siniestro:

En la playa del Cequión, en Torrevieja, apareció el cadáver de una mujer delgada y elegante. Vestía blusa obscura de seda con adornos blancos y morados, con encajes, y llevaba las iniciales D.M. bordadas. Fue identificada como la tiple Dolores Milanés.

El día 21 de agosto apareció en la playa de Cueva Lobos, en Mazarrón, el cadáver de un hombre de unos cincuenta años, estatura media, calvo, con bigote rubio y bien vestido con la americana de la marina mercante italiana. Resultó ser el comisario regio que viajaba en el Sirio.

El domingo 19 unos bañistas encontraron en la playa de Guardamar, en Alicante, otro cuerpo muerto que no pudo ser identificado.

Varios días después aparecieron en la playa de Aguilas los cadáveres de tres mujeres y un niño. No pudieron ser identificadas por encontrarse en avanzado estado de putrefacción.

El sábado 25 de agosto llegó hasta la Algameca, en Cartagena, el cadáver de un joven de unos quince años al que faltaban las extremidades.

Durante las semanas siguientes continuaron apareciendo más cadáveres en playas de Santa Pola, Torrevieja y otros puntos de las costas alicantina y cartagenera. Pero el hallazgo más sorprendente fue la aparición de un sacerdote que llevaba una sotana con vivos morados y que no podía ser otra persona que el obispo de San Pablo del Brasil. Su cadáver apareció en la costa africana, cerca de la población de Marsa-El-Kebir (Puerto Grande), en el Golfo de Orán.

Las causas del hundimiento
En sus declaraciones a la prensa italiana, el capitán de la Compañía General De Navegación de Génova negó las acusaciones de abandono del barco. Picone señaló que toda la tripulación cumplió perfectamente con su deber y que él había sido el último en abandonar el barco junto a los oficiales Amezaga y Tarentino y el marinero Vizziga, cuando era ya noche cerrada.

La versión del capitán Picone se contradecía por completo con las informaciones recogidas por la prensa española en el momento del naufragio, en las que se cuenta que Picone fue uno de los primeros en abandonar el Sirio, marchando en un bote salvavidas, que momentos después se encontraba en Cabo de Palos observando tranquilamente el desarrollo de los acontecimientos, y que horas más tarde dormía plácidamente en la pensión La Piña en la calle San Cristóbal la Larga de Cartagena. Los pasajeros supervivientes confirmaron estos hechos y reiteraron que habían quedado desde el principio abandonados a su suerte. Los miembros de la tripulación, por su parte, reconocieron que Picone fue advertido en reiteradas ocasiones tanto por sus oficiales como por los de otros barcos del peligro que suponía su temeraria navegación. Todos estos detalles quedaron suficientemente probados. Respecto a La Veloce quedó demostrado que, aparte de las lamentables condiciones no sólo en materia de seguridad sino de dignidad en las que se instaló a los emigrantes en el Sirio, mintió en los carteles anunciadores de su viaje. En la Agencia Consignataria de Barcelona se anunciaba que el Sirio realizaría su viaje a Brasil en dieciséis días sin otra escala que la de San Vicente de Cabo Verde.

Sin embargo, el Sirio tenía previsto hacer escala, pues así se anunciaba en los distintos puertos, en Aguilas, Almería, Cádiz y Las Palmas.

De haber conocido esta circunstancia, muchos de los pasajeros españoles habrían viajado en el trasatlántico español León XIII.

El afán por ganar tiempo y ahorrar combustible, el tráfico ilegal de pasajeros y la actitud temeraria e irresponsable de un capitán tuvieron como consecuencia la muerte de más de 400 personas, la pérdida -para los supervivientes- de seres queridos, pertenencias e ilusiones, y el hundimiento de un buque: el Sirio.

El Sirio en la actualidad
"Hoy en día, los restos del Sirius se encuentran diseminados alrededor del Bajo de Fuera, zona declarada reserva integral desde 1995, donde sólo se permiten algunos tipos de pesca artesanal. Gran parte de los restos del buque, como las calderas y diversas planchas del casco, se encuentran diseminados por la cara oeste del bajo, a lo largo de una pendiente suave. La popa se encuentra a 47 metros de profundidad. La proa se encuentra en la cara este, pared vertical de mar abierto, a 70 metros de profundidad, junto a los restos de otras naves.

Después de aquel día 13 de agosto en que el Sirio se partió en tres (la popa, que descansa hundida a 47 metros de profundidad, la proa que cayó en el lado Este y se encuentra a unos 70 metros, y la zona central, que se rompió en miles de pedazos), el vapor italiano ha seguido cobrándose vidas de buceadores que intentaron descubrir en las profundidades alguna pista que desvelase la incógnita o algún objeto con el que recordar esta magnífica aventura.

servido por malonecab 12 comentarios compártelo

12 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Gina

Gina dijo

Me ha encantado. Magnífico

18 Agosto 2006 | 04:59 PM

jose luis

jose luis dijo

Es 1 historia tragica y a la vez emocionante he intentado visitar el pecio muchas veces pero esta en la reserva marina y no dejan entrar para hacer submarinismo

19 Agosto 2006 | 08:07 AM

malonecab

malonecab dijo

Jose Luis,

si dejan bucear en la reserva. Ahora han puesto condiciones más restrictivas. A cada club de buceo le han dado un nº limitado de plazas y además hay que pagar 30€.

Esto hace que los clubes solo permitan bajar a buceadores experimientados y certificados. Es decir, los bautismos de buceo nunca irán a la reserva.

Si estás interesado y eres buceador contacta conmigo y te diré con qué centro yo he buceado.

Saludos.

19 Agosto 2006 | 12:26 PM

Juan Luis Arano (La Plata, Argentina)

Juan Luis Arano (La Plata, Argentina) dijo

Excelente la nota, mi abuelo, de nombre Luiggi Casnati, venía en el Sirio y se salvó nadando 17 horas. Si tienen algún dato de él me gustaría conocerlo
Gracias

JUAN LUIS ARANO
28-06-07

29 Junio 2007 | 02:14 PM

Mirella Lepori

Mirella Lepori dijo

A Dios graciaas mi padre LUIGI LEPORI fue uno de los pocos naufragos que se salvaron
Mi hermano Vittorio Lepori escribio un libro dedicado a nuestro padre en el cual relata muchos detalles de esta incomprensible tragedia,el libro se llama CARO BABBO (querido papa),
Atentamente Mirella Lepori

15 Junio 2008 | 03:58 PM

Miguel Pussetto

Miguel Pussetto dijo

Soy escritor y me encantaria tener mas comentarios sobre el tema testimonios etc. todo sirve y si hubiera hijos o descdndientes de aquella tragedia adfrtadeceria que se contacten conmigo Gracias

26 Octubre 2008 | 12:07 AM

Alejandra Casnati

Alejandra Casnati dijo

Muy buena la nota, mi bisabuelo viajaba en el Sirio y rescató a algunas personas, nadó muchas horas para poder salvarse.su nombre Luis Casnati nacido en Cuomo, Italia y radicado en la Argentina, ciudad de La Plata.
tengo los recortes de la revista caras y caretas de esa época con la foto de mi bisabuelo al ser rescatado.

15 Enero 2009 | 03:55 PM

Gustavo Del Campo (Córdoba, Argentina)

Gustavo Del Campo (Córdoba, Argentina) dijo

Hola, bisnonno Giuseppe Delcampo nacido posiblemente en Corneliano D´Alba estaba en ese viaje fatal.
Según cuenta la tradición familiar, aquella tarde del verano europeo salvó un pequeño niño tomandolo de la ropa.
Quisiera contactarme con Alejandra Casnati para ver si puede escanearme la revista Caras y Caretas y enviarla por mail.
Lamentablemente nunca la pude conseguir, recuerdo haber recorrido las librerías de la calle Corrientes de Baires pero no estaba la misma.

Saludos.

Gustavo, desde Córdoba Argentina.

31 Marzo 2009 | 11:15 PM

Gustavo Del Campo

Gustavo Del Campo dijo

Como complemento al anterior mensaje, les cuento que estuve leyendo el "Diario La Prensa" de los días posteriores y si no recuerdo mal, el día 29 de agosto (días mas o menos) llegó a Buenos Aires el vapor con los naufragos y tenía la lista de algunos sobrevivientes.

Estoy a la espera de poder ver en microfilms el "Diario La Nación" para ver que hay.

Consulta: alguien sabe si existe un listado completo de los naufragos?

31 Marzo 2009 | 11:20 PM

Josep Mª

Josep Mª dijo

Mirella Lepori:

Tu hermano Roberto, me había dicho que vuestro padre (el náufrago) al embarrancar en la costa española y haberse salvado, interpretó que la suerte había querido que su destino fuera España y así lo hizo; se afincó en Barcelona, creando posteriormente una empresa farmacéutica en la cual yo trabajé en los años 60 y 70.

Celebro poder saludarte.

6 Julio 2009 | 07:39 PM

maria laura grau

maria laura grau dijo

Hola mi nombre es Ma Laura Grau, soy de Santa Fe Argentina... leyenso y buscando cosas llego a ver esto del naufragio y para mi sorpresa veo que viajaba un tal Salvador GRau, quizas podría ser mi bisabuelo, mi abuelo Eduardo Grau, nacio en Granada, España en junio de 1906, y esta tragedia ocurrio ese mismo año pero en agosto, por la edad y por el nombre podría mi bisabuelo, si alguien sabe mas datos por favor escriban...
desde ya saludo a todos y gracias

29 Agosto 2009 | 06:31 AM

Elsa

Elsa dijo

Me siento muy contenta por haber encontrado comentarios de familiares de El Sirio yo tambien soy nieta de alguien que se salvo y quisera comunicarme con otra persona que sea familiar para compartir los poco recuerdos que yo tengo de mi abuelito ya que cuendo las pocas veces que contaba se ponia muy triste y asi quedaba .-Por eso si alguien quiere contactarme me gustaria mucho .-

4 Septiembre 2009 | 12:34 AM

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